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EN SAN AMADITO De una lo penetró, empujando su endurecida verga en el culo del otro en un vigoroso movimiento que pronto lo llevó al más delicioso orgasmo derramando torrentes de semen dentro del compañero

 

 

Lo que voy a narrarles puede parecerles una creación de mi fantasía; yo no puedo asegurarles que sea verdad, pero se los cuento como a mi me lo platicaron.

El protagonista de la historia fue Cándido Del Hoyo, vecino y amigo que, por su juventud (25 años) su apostura y su carácter alegre, siempre dispuesto a correr aventuras, fue mi compañero de múltiples hazañas.

Me contó Cándido que en una ocasión, andando de viaje por un país vecino, se enteró que, en un pequeño poblado situado en lo más profundo de un bosque festejaban el primer domingo de cada mes una feria a la que llamaban la feria de San Amadito. A pesar de estar algo retirado de la civilización no dejaban de asistir visitantes de otros lugares los que, sin precisar en qué consistían los festejos, regresaban felices de haber participado en aquella feria.

Esto provocó la curiosidad de mi amigo, quien viajó a ese lugar, desde el día anterior al de la feria, precaución tomada por ser un pueblo pequeño, por tener muchos visitantes y por no haber más que un solo hotel con no muchas habitaciones. Algo que lo había animado a hacer el viaje era que todo mundo, después de asistir a la Feria, elogiaba con mucho énfasis la hospitalidad de los habitantes del lugar.

Habiendo llegado al Hotel de San Amadito, que era el nombre del lugar, y no San Amado, ni San Amador, ni San Amadeo, ni ningún otro, sino San Amadito (sic) fue grande su decepción al escuchar, después de haber solicitado la habitación, que las pocas de que disponía el pequeño hotel estaban ya ocupadas. El regreso a la población más cercana era, por carretera a varias horas de distancia.

Cándido insistió, pero no logró nada, ni siquiera el alquiler de una cama pequeña para colocarla en algún pequeño desván, bodega o sótano para pasar la noche. Ya se resignaba a retirarse meditando la alternativa de dormir en su auto o regresarse a la ciudad cercana y privarse de asistir a la Feria de San Amadito, cuando un hombre joven, apuesto, de maneras amables y agradable apariencia se acercó a la oficina administrativa y ofreció: -Si el caballero no tiene inconveniente, yo tengo una habitación reservada y puedo compartirla. Mi nombre es Paco; Paco Geros Rico y me agradaría poder servirle a nuestro distinguido visitante.

Cándido volteó a ver al amable y generoso huésped que hacía el ofrecimiento y se presentó a su vez; le agradó su aspecto. Juzgó que era de aproximadamente su edad o, tal vez, un poco menor (entre veintitrés y veinticinco años) alto, esbelto, correcta y pulcramente vestido y, de inmediato, se generó una grata simpatía entre los dos. A ello contribuyó el detalle de que su intervención resolvía el problema del hospedaje y, por supuesto, aceptó.

-Como puede comprobar, la fama de la hospitalidad de los lugareños está más que justificada -dijo el recepcionista y aclaró- el problema es que la habitación tiene una sola cama y no disponemos de camas adicionales pues todas están ocupadas ya, sin embargo es matrimonial y creo que podrán pasar la noche con cierta comodidad.

Cándido tuvo un momento de duda, pero finalmente aceptó y se les condujo a la habitación. Ya instalados ambos, la conversación giró acerca de la Feria. Cándido repitió, una vez más, que su amigo le había recomendado asistir, haciendo gran hincapié en el amable trato de los habitantes del lugar. Paco, a su vez, comentó que él tenía ya algún tiempo asistiendo, que al principio lo hacía con su esposa, pero que debido a problemas ocasionados por las familias de ambos, habían determinado separarse y, por primera vez asistía solo.

Al proceder a desvestirse, Cándido se disculpó, por no llevar pijama, ya que no acostumbraba usarla; Paco aclaró que él tenía la misma costumbre lo que incrementó la afinidad entre ambos... Se desvistieron quedando ambos en una ligera trusa y sin dejar de observarse uno al otro. Ambos eran poseedores de cuerpos físicamente bien formados y su breve trusa no lograba ocultar lo bien dotado de su virilidad; se acostaron, se dieron las buenas noches y apagaron la luz.

Cándido se sentía un poco incómodo, pero determinó cerrar los ojos y tratar de conciliar el sueño para lo que se volteó dándole la espalda a Paco. La falta de costumbre de dormir en compañía le impedía abandonarse a dormir por lo que permanecía despierto, aunque permanecía quieto, callado y con los ojos cerrados.

Repentinamente, sintió que Paco se acercaba a él y, posiblemente dormido, pasaba el brazo sobre su cuerpo, abrazándolo por la cintura, intentó zafarse del abrazo, pero éste era tan firme que no lo consiguió. Desistió del intento de separarse, después de todo no era la primera vez que un amigo lo abrazaba sin trascender a algo más que un gesto amistoso, por lo tanto, no le dio importancia al hecho e intentó, nuevamente, empezar a dormir, dejando el brazo de su compañero rodeando su cuerpo aunque ese contacto le producía un cierto nerviosismo.

El nerviosismo aumentó cuando sintió la cálida respiración de Paco pegada a su oreja y aquella la verga, la de Paco, creciendo y endureciéndose, así como ubicándose en la raja de su culo en la posición exacta para iniciar una penetración. Cuando sintió a aquel instrumento hacer a un lado su trusa y apoyarse en su virgen ano, intentó, con más fuerza y firmeza, separarse de su compañero de cama, pero el abrazo era bastante firme y no pudo lograrlo ¿Qué procedía hace en ese caso? pensó alarmado ¿utilizar la fuerza y reclamar el hecho con una actitud violenta? eso equivaldría a un escándalo que era conveniente evitar ¿quién le iba a creer que todo eso estaba ocurriendo sin su consentimiento?

Después de todo él había aceptado compartir la habitación, se había acostado semidesnudo y había permitido el abrazo, así que, lo más probable era que su imagen fuera la más dañada si había alboroto. Había que buscar apresuradamente otra solución.

Mientras eso pensaba, sintió la mano de Paco que se introducía, ahora por adelante, bajó su trusa y buscaba su verga, una descarga eléctrica sacudió su cuerpo y su miembro respondió al tacto con una inmediata, tremenda e incontrolable erección.

Antes de poder ejercer ninguna otra acción, la hábil mano de Paco le bajó rápidamente la trusa y sintió la caliente, lubricada y durísima punta de aquella verga colocarse a la entrada de su ano. Quiso una vez más intentar zafarse del abrazo, pero no consiguió dominar la fuerza que lo retenía y, sin poder evitarlo, sintió como aquella verga, que le pareció enorme lo fue penetrando poco a poco.

Ahora menos que nunca podría gritar, ahora menos que nunca le convenía llamar la atención y, por otra parte, las sensaciones que estaba experimentando eran excitante y sorprendentemente gratas y la penetración era tan profunda que no tenía ya remedio. Estaba siendo violado y, además, lo estaba disfrutando enorme e inexplicablemente.

El movimiento de mete y saca de Paco empezó perfectamente sincronizado con la entusiasta masturbación que le hacía lo que le produjo, poco a poco, un incontenible placer que fue apoderándose de él y, sin darse cuenta, empezó a mover su cuerpo para apoyar, facilitar y cooperar en la penetración. Aquello no era ya una violación, sino un acto de placer compartido que lo tenía cautivado.

Oyó que la voz de Paco le preguntaba en voz queda.

- ¿Te está gustando? ¿Es tu primera vez? -Si, es mi primera vez y me está encantando. No te detengas por favor, sigue. Dale duro, más duro, métela toda, esto es verdaderamente delicioso. Nunca había disfrutado una cosa así. No te detengas, síguele dando, mátela hasta el fondo. Dale duro, más, más. Así. Métela. Toda, toda, toda.

Cuando sintió que Paco detenía el movimiento manteniéndola hasta lo más profundo y que aquella verga palpitaba y respingaba con mucha energía dentro de él, comprendió que su culo estaba recibiendo, por primera vez unos abundantes trallazos de semen y eso lo hizo sentirse agradecido y feliz. Había descubierto una nueva forma de placer. Acto seguido, al sentir el vacío que la salida de aquella ardiente tranca dejaba en su esfínter, se dio vuelta y empujó a su compañero haciéndolo girar.

-Ahora me toca a mí-

Y, después de un salivazo, de un solo golpe lo penetró, empujando su endurecida verga en el culo del otro en un vigoroso movimiento que pronto lo llevó al más delicioso orgasmo derramando torrentes de semen dentro del compañero. A la mañana siguiente, cuando salieron a desayunar, con la comprobada cortesía del personal del hotel, el empleado de la recepción los saludó.

-Buenos días, ¿Qué tal durmieron los señores? ¿Pasaron una noche agradable? -Buenos días -contestó Cándido- Puede decirse que pasamos una noche muy grata. Una noche verdaderamente deliciosa- contestó Cándido...

- ¡Qué bueno, amigos! Esa es la respuesta que nos da siempre un visitante que pasa la noche compartiendo la habitación con un habitante del pueblo de San Amadito y recibe una muestra de su hospitalidad... Esperamos que regrese el mes próximo.

-Por supuesto. Le aseguro, sin lugar a dudas, que aquí estaré.

De eso han pasado algunos meses y, desde entonces, Cándido espera con verdadera ansiedad que llegue el primer fin de semana de cada mes para emprender el viaje al pueblo donde se celebra la Feria de San Amadito y disfrutar, como siempre sucede, de la hospitalidad de alguno de los habitantes del lugar.

Autor: Aquel