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UNIFORMES 5 |
EN SAN AMADITO De una lo penetró, empujando su endurecida verga en el culo del otro en un vigoroso movimiento que pronto lo llevó al más delicioso orgasmo derramando torrentes de semen dentro del compañero
Lo que voy a narrarles puede parecerles una creación de mi fantasía; yo no puedo
asegurarles que sea verdad, pero se los cuento como a mi me lo platicaron.
El protagonista de la historia fue Cándido Del Hoyo, vecino y amigo que, por su
juventud (25 años) su apostura y su carácter alegre, siempre dispuesto a correr
aventuras, fue mi compañero de múltiples hazañas.
Me contó Cándido que en una ocasión, andando de viaje por un país vecino, se
enteró que, en un pequeño poblado situado en lo más profundo de un bosque
festejaban el primer domingo de cada mes una feria a la que llamaban la feria de
San Amadito. A pesar de estar algo retirado de la civilización no dejaban de
asistir visitantes de otros lugares los que, sin precisar en qué consistían los
festejos, regresaban felices de haber participado en aquella feria.
Esto provocó la curiosidad de mi amigo, quien viajó a ese lugar, desde el día
anterior al de la feria, precaución tomada por ser un pueblo pequeño, por tener
muchos visitantes y por no haber más que un solo hotel con no muchas
habitaciones. Algo que lo había animado a hacer el viaje era que todo mundo,
después de asistir a la Feria, elogiaba con mucho énfasis la hospitalidad de los
habitantes del lugar.
Habiendo llegado al Hotel de San Amadito, que era el nombre del lugar, y no San
Amado, ni San Amador, ni San Amadeo, ni ningún otro, sino San Amadito (sic) fue
grande su decepción al escuchar, después de haber solicitado la habitación, que
las pocas de que disponía el pequeño hotel estaban ya ocupadas. El regreso a la
población más cercana era, por carretera a varias horas de distancia.
Cándido insistió, pero no logró nada, ni siquiera el alquiler de una cama
pequeña para colocarla en algún pequeño desván, bodega o sótano para pasar la
noche. Ya se resignaba a retirarse meditando la alternativa de dormir en su auto
o regresarse a la ciudad cercana y privarse de asistir a la Feria de San
Amadito, cuando un hombre joven, apuesto, de maneras amables y agradable
apariencia se acercó a la oficina administrativa y ofreció: -Si el caballero no
tiene inconveniente, yo tengo una habitación reservada y puedo compartirla. Mi
nombre es Paco; Paco Geros Rico y me agradaría poder servirle a nuestro
distinguido visitante.
Cándido volteó a ver al amable y generoso huésped que hacía el ofrecimiento y se
presentó a su vez; le agradó su aspecto. Juzgó que era de aproximadamente su
edad o, tal vez, un poco menor (entre veintitrés y veinticinco años) alto,
esbelto, correcta y pulcramente vestido y, de inmediato, se generó una grata
simpatía entre los dos. A ello contribuyó el detalle de que su intervención
resolvía el problema del hospedaje y, por supuesto, aceptó.
-Como puede comprobar, la fama de la hospitalidad de los lugareños está más que
justificada -dijo el recepcionista y aclaró- el problema es que la habitación
tiene una sola cama y no disponemos de camas adicionales pues todas están
ocupadas ya, sin embargo es matrimonial y creo que podrán pasar la noche con
cierta comodidad.
Cándido tuvo un momento de duda, pero finalmente aceptó y se les condujo a la
habitación. Ya instalados ambos, la conversación giró acerca de la Feria.
Cándido repitió, una vez más, que su amigo le había recomendado asistir,
haciendo gran hincapié en el amable trato de los habitantes del lugar. Paco, a
su vez, comentó que él tenía ya algún tiempo asistiendo, que al principio lo
hacía con su esposa, pero que debido a problemas ocasionados por las familias de
ambos, habían determinado separarse y, por primera vez asistía solo.
Al proceder a desvestirse, Cándido se disculpó, por no llevar pijama, ya que no
acostumbraba usarla; Paco aclaró que él tenía la misma costumbre lo que
incrementó la afinidad entre ambos... Se desvistieron quedando ambos en una
ligera trusa y sin dejar de observarse uno al otro. Ambos eran poseedores de
cuerpos físicamente bien formados y su breve trusa no lograba ocultar lo bien
dotado de su virilidad; se acostaron, se dieron las buenas noches y apagaron la
luz.
Cándido se sentía un poco incómodo, pero determinó cerrar los ojos y tratar de
conciliar el sueño para lo que se volteó dándole la espalda a Paco. La falta de
costumbre de dormir en compañía le impedía abandonarse a dormir por lo que
permanecía despierto, aunque permanecía quieto, callado y con los ojos cerrados.
Repentinamente, sintió que Paco se acercaba a él y, posiblemente dormido, pasaba
el brazo sobre su cuerpo, abrazándolo por la cintura, intentó zafarse del
abrazo, pero éste era tan firme que no lo consiguió. Desistió del intento de
separarse, después de todo no era la primera vez que un amigo lo abrazaba sin
trascender a algo más que un gesto amistoso, por lo tanto, no le dio importancia
al hecho e intentó, nuevamente, empezar a dormir, dejando el brazo de su
compañero rodeando su cuerpo aunque ese contacto le producía un cierto
nerviosismo.
El nerviosismo aumentó cuando sintió la cálida respiración de Paco pegada a su
oreja y aquella la verga, la de Paco, creciendo y endureciéndose, así como
ubicándose en la raja de su culo en la posición exacta para iniciar una
penetración. Cuando sintió a aquel instrumento hacer a un lado su trusa y
apoyarse en su virgen ano, intentó, con más fuerza y firmeza, separarse de su
compañero de cama, pero el abrazo era bastante firme y no pudo lograrlo ¿Qué
procedía hace en ese caso? pensó alarmado ¿utilizar la fuerza y reclamar el
hecho con una actitud violenta? eso equivaldría a un escándalo que era
conveniente evitar ¿quién le iba a creer que todo eso estaba ocurriendo sin su
consentimiento?
Después de todo él había aceptado compartir la habitación, se había acostado
semidesnudo y había permitido el abrazo, así que, lo más probable era que su
imagen fuera la más dañada si había alboroto. Había que buscar apresuradamente
otra solución.
Mientras eso pensaba, sintió la mano de Paco que se introducía, ahora por
adelante, bajó su trusa y buscaba su verga, una descarga eléctrica sacudió su
cuerpo y su miembro respondió al tacto con una inmediata, tremenda e
incontrolable erección.
Antes de poder ejercer ninguna otra acción, la hábil mano de Paco le bajó
rápidamente la trusa y sintió la caliente, lubricada y durísima punta de aquella
verga colocarse a la entrada de su ano. Quiso una vez más intentar zafarse del
abrazo, pero no consiguió dominar la fuerza que lo retenía y, sin poder
evitarlo, sintió como aquella verga, que le pareció enorme lo fue penetrando
poco a poco.
Ahora menos que nunca podría gritar, ahora menos que nunca le convenía llamar la
atención y, por otra parte, las sensaciones que estaba experimentando eran
excitante y sorprendentemente gratas y la penetración era tan profunda que no
tenía ya remedio. Estaba siendo violado y, además, lo estaba disfrutando enorme
e inexplicablemente.
El movimiento de mete y saca de Paco empezó perfectamente sincronizado con la
entusiasta masturbación que le hacía lo que le produjo, poco a poco, un
incontenible placer que fue apoderándose de él y, sin darse cuenta, empezó a
mover su cuerpo para apoyar, facilitar y cooperar en la penetración. Aquello no
era ya una violación, sino un acto de placer compartido que lo tenía cautivado.
Oyó que la voz de Paco le preguntaba en voz queda.
- ¿Te está gustando? ¿Es tu primera vez? -Si, es mi primera vez y me está
encantando. No te detengas por favor, sigue. Dale duro, más duro, métela toda,
esto es verdaderamente delicioso. Nunca había disfrutado una cosa así. No te
detengas, síguele dando, mátela hasta el fondo. Dale duro, más, más. Así.
Métela. Toda, toda, toda.
Cuando sintió que Paco detenía el movimiento manteniéndola hasta lo más profundo
y que aquella verga palpitaba y respingaba con mucha energía dentro de él,
comprendió que su culo estaba recibiendo, por primera vez unos abundantes
trallazos de semen y eso lo hizo sentirse agradecido y feliz. Había descubierto
una nueva forma de placer. Acto seguido, al sentir el vacío que la salida de
aquella ardiente tranca dejaba en su esfínter, se dio vuelta y empujó a su
compañero haciéndolo girar.
-Ahora me toca a mí-
Y, después de un salivazo, de un solo golpe lo penetró, empujando su endurecida
verga en el culo del otro en un vigoroso movimiento que pronto lo llevó al más
delicioso orgasmo derramando torrentes de semen dentro del compañero. A la
mañana siguiente, cuando salieron a desayunar, con la comprobada cortesía del
personal del hotel, el empleado de la recepción los saludó.
-Buenos días, ¿Qué tal durmieron los señores? ¿Pasaron una noche agradable?
-Buenos días -contestó Cándido- Puede decirse que pasamos una noche muy grata.
Una noche verdaderamente deliciosa- contestó Cándido...
- ¡Qué bueno, amigos! Esa es la respuesta que nos da siempre un visitante que
pasa la noche compartiendo la habitación con un habitante del pueblo de San
Amadito y recibe una muestra de su hospitalidad... Esperamos que regrese el mes
próximo.
-Por supuesto. Le aseguro, sin lugar a dudas, que aquí estaré.
De eso han pasado algunos meses y, desde entonces, Cándido espera con verdadera
ansiedad que llegue el primer fin de semana de cada mes para emprender el viaje
al pueblo donde se celebra la Feria de San Amadito y disfrutar, como siempre
sucede, de la hospitalidad de alguno de los habitantes del lugar.
Autor: Aquel