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UNIFORMES 6 |
TURBULENTO ARROYO Leandro me rogaba que lo cogiera profundo. Abrió las piernas y se la enterré, mientras que sus manos arrancaban los yuyos del borde de la manta. Terminé dentro de él y nos quedamos abrochados
El arroyo venía crecido, sucio y turbulento por la lluvia y la tormenta que
había pasado, pero estaba bien porque habíamos ido a coger, no a bañarnos. No
había nadie en el balneario, por lo que cerré la camioneta y nos metimos en el
bosque con una lona y un botiquín para emergencias donde yo tengo profilácticos,
cremas cicatrizantes, un jabón desinfectante y repelente para mosquitos...
Soy Manuel (35) y me acompañaba Leandro (19). Nos fuimos desabotonando todo a
medida que buscábamos un lugar para ocultarnos. Quedamos desnudos y realmente
Leandro tenía un buen físico, ejercitado por el trabajo de campo y las pajas que
se mandaría con Alejandro (20) y Tomás (18). No tuve que sugerir nada porque su
lengua lamía mis huevos y mi agujero frenéticamente. Le puse un condón en su
pija que parecía un mástil y no necesitaba ni que la tocara. La saliva fue el
lubricante y entró sin dolor en mi culo, hasta que sentí la necesidad de ir de
cuerpo…Leandro era una máquina de buen ritmo para entrar y salir de mi culo,
aunque no tenía romanticismo. A los quince minutos, mi agujero ardía y yo tenía
que cagar. Esto tampoco era romántico, pero cumplía con la necesidad que no
siempre dicen los homosexuales. Quizá porque no éramos gays, sino chicos, sin
chicas para coger.
Cuando regresé Leandro estaba desnudo boca abajo y jugaba con las cosas del
botiquín. Saqué la pomada y me puse unos guantes de látex que llevo para los
accidentes. Estaba muy caliente su agujerito por lo que le di rápido tratamiento
con un dedito, dos, tres, cuatro y sus gemidos de dolor y gozo. Mi pija estaba
tiesa y los 21 cm. no eran despreciables por lo que le pedí que se sentara sobre
ella, mirándome para que pudiera ver su carita aniñada cuando mi mástil
desaparecía entre sus nalgas. El mismo controlaba su movimiento, ya que yo
estaba acostado boca arriba. Mi glande o cabeza de pija es grande, pero cuando
vence el anillo o esfínter deja que la pija entre hasta los huevos.
Después de un rato, agotados por el calor y el esfuerzo, nos acostamos sin
movernos para recuperarnos.
-Me gustó que me dilataras con los dedos -dijo Leandro -pareces un maestro.
Necesitaba que me abrieran ya que hace un tiempo que no lo hago y a veces en el
apuro, Alejandro me desgarra con lo que me sale algo de sangre y me duele varios
días.
-Es práctica cuando el sexo se hace con alguna seguridad -respondí. Por ejemplo,
no se deben iniciar chicos ya que se los puede lastimar y no saben cuál es el
límite. Creo que Tomás es muy joven y por eso no debe hacerlo.
-Te equivocas, ya que fue Tomás el que me pidió que lo dejáramos entrar a
nuestro club secreto de pajas y cogidas -me respondió.
-Aunque te lo pida y quiera ser iniciado, debe esperar a tener una idea clara de
lo que es amar o tener sexo -dije.
-No sabía -pero lo íbamos a hacer en el galpón cuando llegaron ustedes con el
tornado. Creo que Alejandro y yo lo hacemos porque no tenemos novias o chicas
aquí.
Cuando tengamos, posiblemente dejemos de hacerlo y cojamos mujeres, aunque te
digo que recién, cuando me empalaste con tu pija, me encantó. Sentí como si mi
culo fuera una concha caliente. Leandro encendió un cigarrillo y fumaba
lentamente mientras con un palito trataba de levantar del suelo al profiláctico
que yo había usado…mi leche estaba dentro, pero por fuera se veían sucios unos
19 cm.
-Cómo hay que hacerlo bien y con seguridad -preguntó Leandro dándose cuenta que
le faltaba conocer algunas cosas más.
-Es difícil explicar cuando uno tiene ganas de coger.
-pero bueno que uno se relaje y si es posible, antes de ser penetrado, haya
evacuado la caca y los gases.
Así no hay tensión cuando se va abriendo el agujero con una crema y los dedos.
El ano y el recto se preparan, bien lubricados, para el entra y sale de la pija
de un macho.
-Con Alejandro hacemos el vuelta y vuelta -pero yo prefiero que él me trabaje el
culo -comentó pensativo Leandro. Muchas veces, cuando vemos películas subidas de
color, vemos unas erecciones de novela y unas cogidas increíbles después de usar
“chiches” o dilatadores o vibradores… -Sí. Algunas veces son de película y otros
ayudan para dilatarse ya que uno puede controlar cuánto se mete y cómo…en eso es
mejor que la pija que uno quiere clavarla y mandarla al fondo sin esperar que la
pareja esté preparada. Es algo que los dos o los que sean deben gozarlo juntos.
-Me gustaría una fiestita así ya que estás por aquí.
Le diría a Alejandro y a Tomás, ¿qué te parece? -propuso Leandro.
-No sé. Tendría que conseguir algunas cosas para que lo que hagamos les sea útil
-dije con ganas de volver a coger a Leandro a quien había puesto, acostado de
costado, para que fuera más fácil conversar, detener mi bombeo y volver a
empezar. A los 20 minutos, Leandro me rogaba que lo coja fuerte, profundo y
rápido. Abría las piernas y hasta los dedos de los pies, mientras que sus manos
arrancaban los yuyos del borde de la manta. Terminé dentro de él y nos quedamos
abrochados, quietecitos un buen tiempo, hasta que mi pija se achicó y dejé que
saliera de la cuevita de Leandro.
Después, él comenzó a besarme por todas partes: la boca, las orejas, la nuez de
Adán, la espalda, las nalgas y mi agujero…
Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por
mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo
premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con
golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi
pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.
-Ya es tarde y tenemos que volver -dijo Leandro.
Tengo que prender el fuego para el asado de esta noche. Espero que te quedes,
aunque no hay hotel, ni residencial en mí pueblo. Hablaré con mis viejos para
que te puedas acomodar en mi pieza, como hacen mis primos cuando nos visitan.
La propuesta no era mala y por primera vez, me di cuenta que el tornado nos
había dado otras oportunidades en ese pueblito perdido entre campos de soja y
trigo. Nos limpiamos cerca del arroyo y enterramos los cuatro profilácticos que
habíamos usado para que no anden flotando en el agua o enciendan la curiosidad
de otros chicos inocentes. Este lugar era el balneario natural de las familias
del pueblo y no pretendíamos que supieran que era un escondite, mejor que el
galpón que ahora no tiene techo, para encuentros amorosos. El balneario no es
sólo para bañarse, como la cama no es sólo para dormir, sino que lo diga Leandro
quien se masajeaba lentamente su culito un poco dolorido.
Autor: PATRICIO