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LA FELICIDAD QUE BUSQUÉ Me penetró, sus manos jugueteaban con mis testículos y mi nabo, sus huevos chocaban contra mi culo, me llenaban de placer, aumentó la velocidad, pero yo ya ni lo notaba, no estaba ya en este mundo

 

 

No me esperaba que ocurriera tan pronto. Tan sólo hacía tres días que lo conocí en el Messenger, y no sé qué es lo que me cruzó la cabeza en ese momento, pero acabé dándole mi teléfono. No sabía si me había vuelto loco. Y a los tres días, sólo tres días, me llamó.

No sabía qué hacer. Qué iba a decir, que voz poner, cómo reaccionar. Y entre tanta duda, el móvil dejó de sonar. Había perdido mi oportunidad.

La oportunidad de dar un paso más, de decidirme de una vez por todas.
¿Miedo?, ¿desconfianza?, ¿pereza a cambiar radicalmente mi vida?, ¿temor por aceptar "oficialmente" lo que ya he aceptado en mi interior?.

Desde luego que esa llamada no había pasado desapercibida. Me había dado un vuelco el corazón, algo me atravesó el estómago. Pensé que no iba a pasar. Y en el fondo quería que pasara... Y cuando más absorto iba en mis pensamientos, otra vez el móvil sonó de nuevo...

Y era él. Él, otra vez. ¿Qué hago?, ¿qué debo hacer?, ¿qué quiero hacer?... Y descolgué. Y mi voz sonó demasiado fuerte, supongo que por los nervios. Pero ya no supe más que decir. Sin embargo, al otro lado de la línea sonó una voz amable, comprensible, que me hizo sentirme cómodo.

Enseguida comenzamos a hablar, sin poder ocultar mi nerviosismo. Me invitó a quedar, a tomar un café, para charlar y conocernos. Yo me mostraba muy reticente, pero su cercanía me animó. Era de misma ciudad, y quedamos en un lugar bastante alejado de mi casa. Ni siquiera sabía llegar, pero preguntando lo encontré.

Y allí estaba. Nada vez verlo, me volví y me escondí. No daba crédito a mi mismo. Con lo tímido que soy y la cara que estaba echando al tema!!!.

Me estaba volviendo loco, sin duda. Este era el límite de lo que era capaz de hacer. Me dispuse a llamarle para decir que había tenido un imprevisto, pero me había visto, me vio volverme y esconderme.... Desde luego, no soy un as jugando el escondite... No te preocupes, me dijo, a mí la primera vez me costó decidirme, pero mereció la pena.

Yo no podía quitar mi cara de pavo, y mi sonrisa de idiota, por haber sido pillado. Pero me inspiró mucha confianza y me tranquilizó bastante. Si había llegado hasta allí, no creo que perdiese nada. Era más bajo que yo, con pinta de deportista, pijillo, guapote. El pelo negro corto, los ojos negros muy profundos, y muy simpático. Su sonrisa hacía un hoyuelo gracioso, y miraba directamente a los ojos, lo que me gustaba.

Como era tarde, decidimos cenar en una pizzería. No pude dejar de lado mi nerviosismo en ningún momento, y me obsesionaba la situación de mi paquete, porque no paraba de estar empalmado ante tal evento...

Sin embargo, el vino de la comida, que estaba buenísimo, hizo su efecto... y poco a poco empecé a relajarme, y a soltarme, y a no parar de charlar, hasta que... upps, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo hasta mi último pelo.... Su mano fue subiendo desde mi rodilla hasta mi polla, que estaba más tiesa que el pirulí de TVE. Él disimulando como si se le hubiera caído algo en el suelo. Yo me quedé mudo, y me entró tal calentón... ¿Nos vamos?, preguntó. Asentí con la cabeza ante mi falta de expresión. Pagamos y nos fuimos andando, yo con las manos en los bolsillos para que no se me notara el bulto que me iba a estallar.

Me dijo que tenía su coche cerca y que me llevaría a dar una vuelta por un sitio agradable. Me senté de copiloto, y se me acercó a mi cogiendo con firmeza mi paquete, susurrándome al oído que me lo iba a pasar muy bien. Por un momento estuve a punto de abrir la puerta y salir huyendo, pero ya estaba en marcha y con la suficiente velocidad como para sufrir un suicidio si saltaba. Desde luego no sabía como afrontar aquello.

Tanto tiempo esperando un momento así, y ahora que se me ponía todo en bandeja, me entraba miedo.

Y más me empecé a preocupar cuando vi que estábamos saliendo de la ciudad. Se me pasaron por la mente todas los asesinatos que se escuchan o las personas desaparecidas. Realmente a este tío no lo conocía de nada, pudiera ser un psicópata o un esquizofrénico o cualquier cosa extraña... Y tampoco sabía si era el momento adecuado para tener mi primera experiencia sexual con un tío.

Al lado de mi ciudad, para explicarme mejor, hay una gran colina, desde la cual se divisa todo. Es un sitio precioso, y me encantó descubrir que nos dirigíamos hacia allí. Pero en uno de los caminos, cogió un atajo que siempre había pasado desapercibido para mi. Un camino que me estremeció, pues no había ninguna luz, muy estrecho y donde la vegetación se hacía muy frondosa. Sin duda no era la primera vez que él iba por allí. Y cuando más pánico me estaba entrando, llegamos a un paraje abierto al cielo, lleno de estrella y desde donde se divisaba toda mi ciudad iluminada. Aquello era precioso, un mirador natural oculto. Me hizo sonreír y creo que se había dado cuenta de mi temor inicial, porque noté una expresión de "menos mal!!!!!"en su cara. Abrió mi puerta y me cogió de la mano. Y me besó.

Nunca había besado a un hombre. Es más, nunca me había acercado tanto a uno. Fue algo inenarrable. Sus labios húmedos y fuertes rozándose con los míos... Su lengua intentando entrar en las puertas de mi boca. Me abrazó por la cintura y con las manos agarró mis nalgas, acercándome a él. Podía sentir su polla apretándose contra mi cuerpo. Me sentí protegido, rodeado por esos potentes brazos, con esa calidez en la boca... Sus dedos fueron explorando lugares recónditos de mi cuerpo que nunca antes habían sido investigados, y comencé a sentir cosas inéditas.

Mi polla quería salir de su escondite. Quería experimentar lo que mi boca estaba viviendo. Yo no me atrevía a tocarle, no sabía cómo hacerlo, por donde a empezar, pero él me guió con sus manos a su paquete, y esa fue la primera vez que mis dedos inocentes recorrieron la polla de otro hombre. La tenía gruesa, resaltaban las venas. Estaba tan caliente, y tan suave, que hice un acto de valentía y me agaché. Quería saber qué se siente al hacer una mamada. Pero al ver lo que antes solo había visto en Internet, me quedé quieto. No podía hacerlo. No estaba preparado para ello.

Pero él con fuerza, me cogió de la cabeza y me empujó hacia si, gritándome cómemela, cabrón. Y me vi con aquel tranco inmenso de carne en mi boca, lo que me excitó tanto, que hizo que me olvidara de tantos miedos y pudores acumulados durante tantos años. Y con todas mis ganas y como si me hubiera liberado de una puñetera vez de un peso asfixiante, comencé a disfrutar como nunca lo había hecho en mi vida, y por los gritos de Dani, él también había empezado a disfrutar. Su polla echaba un líquido algo dulce, pero también ácido, con un olor tan fuerte que me puse a mamar aquel pollón con desesperación.

No podía para de chupar, de lamer, de pasar mi lengua por sus huevos, por su ingle, por su periné, por su abdomen musculado. Como sigas así me voy a correr de un momento a otro, mamón, me gritó entre suspiros. Y como hizo antes, me cogió de la cabeza y me apartó poniéndome de pie. Me quitó la camisa y el resto de ropa. Hacía mucho frío en mitad de la noche y creo que por lo notó al verme temblar (en realidad temblaba más por los nervios). Me llevó de la mano y me tumbó en el capó delantero de su Seat León, que estaba caliente del motor recién apagado.

Aquel contraste de temperaturas me encendió como una llama viva. No me podía creer que estuviera allí viendo las estrellas, desnudo encima de un coche y con un tío tremendo que me estaba llevando al éxtasis. Y me quedé sin voz cuando sentí su boca rodeando la cabeza de mi pene. Una boca húmeda y caliente, ansiosa de semen. Me olvidé de que alguien pudiera escucharme (aunque lo dudo), y comencé a gritar como un loco, de tanto gusto. Su lengua recorría cada centímetro de mi verga, chupándome los huevos, e introduciendo su lengua por mi ano virgen.

Aquello sí que era indescriptible. Sentir como su lengua se abría paso hasta lo más íntimo de mi ser. Poco a poco conseguí relajar mi ano, no sabía como hacerlo. Me levantó las piernas y me las puso sobre mi pecho, dejándome sin mucha movilidad, introduciéndome un dedo en mi culo. Al principio me resultó desagradable, pero empezó a estimular mi próstata y me sorprendí gritándole que metiera otro dedo.

Estaba poseído por la lujuria. Quería que me penetrara, que me partiera por la mitad, que me empalara. Y cuando él creyó conveniente empezó a follarme. Sentía como cada milímetro de su fusil me iba perforando. Creí que aquello me iba a doler terriblemente, pero lo hizo con tanta suavidad y me había lubricado tanto, que mi culo estaba ansioso de todo.

Con cada embestida, emitía un gemido difícil de contener. Y mientras me penetraba, con sus manos llenas de saliva iba jugueteando con mis testículos y mi nabo que me quemaba. Sus huevos chocaban contra mi culo, y verlo allí dominándome, con su pecho fornido y su vientre musculoso, me llenaban de placer. Poco a poco iba aumentando de velocidad, pero yo ya ni lo notaba. No estaba ya en este mundo. Paró, sacando ese trozo de carne roja y palpitante y se subió al coche, encima del capó, poniéndose de cuclillas.

Cogió mi polla, enderezándola y él mismo guió el camino hasta su culo. Iba a follarle yo. Era la primera vez que le daba por culo a un hombre, ummm. Él media cuánto se la introducía, y a qué velocidad, mientras yo me quedaba allí tumbado extasiado. Era tremendo sentir como mi polla iba introduciéndose en él. Tanto que era yo el que quería marcar el ritmo, así que lo aparté (casi lo tiró del coche sin querer), y lo cogí de la cintura. Me soltó un; veo que vas aprendiendo rápido; e ignorándole, lo puse a cuatro patas para follarlo con todas mis fuerzas. De pie podría darle todas las enculadas que quisiera y estaba seguro que él estaba más que preparado.

Y allí empecé un mete y saca con todas mis ganas, follándolo como a una perra, para que supiera qué era realmente partirle el culo. Tenía tanto reprimido que no pude controlarme. Él estaba tan sorprendido de mi actuación, que lo calenté al máximo e hizo pararme. Iba a correrse. Me cogió del pescuezo y me colocó de frente a su tranco, que estaba inmenso. Casi no le dio tiempo, porque enseguida comenzó a expulsar una leche hirviendo y espesa, a latigazos, y de lo excitado que estaba yo, no me importó metérmela en la boca y tragarme ese preciado jugo viscoso y seguir mamándole hasta exprimirle la última gota y casi desfallecer.

Una vez terminado cogió mi miembro a punto de estallar y se lo metió en la boca, entero, hasta llegarle a la garganta. Los huevos le rozaban la barbilla. Y tras varios movimientos de entrada y salida, no pude resistir más y estallé ríos de semen, llenándole la cara y el pecho, la boca y la lengua. Un orgasmo interminable, como ninguno otro anterior en mi vida, hasta que sentí dolor en mis huevos y temblarme las piernas de placer. Él se encargó de recoger con la lengua o los dedos mi leche y no dejar ni rastro, tragándoselo todo.

Y en ese momento no sentía ni el frío que hacía, ni las luces de la ciudad, ni la luz de la luna, ni el sonido del viento, ni las ramas de los árboles crujiendo. Sólo sentía una tranquilidad inmensurable, abrazado al hombre que me había hecho descubrir por unos momentos la felicidad que tanto había buscado.

Autor: sergiomol77