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UNIFORMES 7 |
LA FELICIDAD QUE BUSQUÉ Me penetró, sus manos jugueteaban con mis testículos y mi nabo, sus huevos chocaban contra mi culo, me llenaban de placer, aumentó la velocidad, pero yo ya ni lo notaba, no estaba ya en este mundo
No me esperaba que ocurriera tan pronto. Tan sólo hacía tres días que lo conocí
en el Messenger, y no sé qué es lo que me cruzó la cabeza en ese momento, pero
acabé dándole mi teléfono. No sabía si me había vuelto loco. Y a los tres días,
sólo tres días, me llamó.
No sabía qué hacer. Qué iba a decir, que voz poner, cómo reaccionar. Y entre
tanta duda, el móvil dejó de sonar. Había perdido mi oportunidad.
La oportunidad de dar un paso más, de decidirme de una vez por todas.
¿Miedo?, ¿desconfianza?, ¿pereza a cambiar radicalmente mi vida?, ¿temor por
aceptar "oficialmente" lo que ya he aceptado en mi interior?.
Desde luego que esa llamada no había pasado desapercibida. Me había dado un
vuelco el corazón, algo me atravesó el estómago. Pensé que no iba a pasar. Y en
el fondo quería que pasara... Y cuando más absorto iba en mis pensamientos, otra
vez el móvil sonó de nuevo...
Y era él. Él, otra vez. ¿Qué hago?, ¿qué debo hacer?, ¿qué quiero hacer?... Y
descolgué. Y mi voz sonó demasiado fuerte, supongo que por los nervios. Pero ya
no supe más que decir. Sin embargo, al otro lado de la línea sonó una voz
amable, comprensible, que me hizo sentirme cómodo.
Enseguida comenzamos a hablar, sin poder ocultar mi nerviosismo. Me invitó a
quedar, a tomar un café, para charlar y conocernos. Yo me mostraba muy
reticente, pero su cercanía me animó. Era de misma ciudad, y quedamos en un
lugar bastante alejado de mi casa. Ni siquiera sabía llegar, pero preguntando lo
encontré.
Y allí estaba. Nada vez verlo, me volví y me escondí. No daba crédito a mi
mismo. Con lo tímido que soy y la cara que estaba echando al tema!!!.
Me estaba volviendo loco, sin duda. Este era el límite de lo que era capaz de
hacer. Me dispuse a llamarle para decir que había tenido un imprevisto, pero me
había visto, me vio volverme y esconderme.... Desde luego, no soy un as jugando
el escondite... No te preocupes, me dijo, a mí la primera vez me costó
decidirme, pero mereció la pena.
Yo no podía quitar mi cara de pavo, y mi sonrisa de idiota, por haber sido
pillado. Pero me inspiró mucha confianza y me tranquilizó bastante. Si había
llegado hasta allí, no creo que perdiese nada. Era más bajo que yo, con pinta de
deportista, pijillo, guapote. El pelo negro corto, los ojos negros muy
profundos, y muy simpático. Su sonrisa hacía un hoyuelo gracioso, y miraba
directamente a los ojos, lo que me gustaba.
Como era tarde, decidimos cenar en una pizzería. No pude dejar de lado mi
nerviosismo en ningún momento, y me obsesionaba la situación de mi paquete,
porque no paraba de estar empalmado ante tal evento...
Sin embargo, el vino de la comida, que estaba buenísimo, hizo su efecto... y
poco a poco empecé a relajarme, y a soltarme, y a no parar de charlar, hasta
que... upps, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo hasta mi último pelo.... Su
mano fue subiendo desde mi rodilla hasta mi polla, que estaba más tiesa que el
pirulí de TVE. Él disimulando como si se le hubiera caído algo en el suelo. Yo
me quedé mudo, y me entró tal calentón... ¿Nos vamos?, preguntó. Asentí con la
cabeza ante mi falta de expresión. Pagamos y nos fuimos andando, yo con las
manos en los bolsillos para que no se me notara el bulto que me iba a estallar.
Me dijo que tenía su coche cerca y que me llevaría a dar una vuelta por un sitio
agradable. Me senté de copiloto, y se me acercó a mi cogiendo con firmeza mi
paquete, susurrándome al oído que me lo iba a pasar muy bien. Por un momento
estuve a punto de abrir la puerta y salir huyendo, pero ya estaba en marcha y
con la suficiente velocidad como para sufrir un suicidio si saltaba. Desde luego
no sabía como afrontar aquello.
Tanto tiempo esperando un momento así, y ahora que se me ponía todo en bandeja,
me entraba miedo.
Y más me empecé a preocupar cuando vi que estábamos saliendo de la ciudad. Se me
pasaron por la mente todas los asesinatos que se escuchan o las personas
desaparecidas. Realmente a este tío no lo conocía de nada, pudiera ser un
psicópata o un esquizofrénico o cualquier cosa extraña... Y tampoco sabía si era
el momento adecuado para tener mi primera experiencia sexual con un tío.
Al lado de mi ciudad, para explicarme mejor, hay una gran colina, desde la cual
se divisa todo. Es un sitio precioso, y me encantó descubrir que nos dirigíamos
hacia allí. Pero en uno de los caminos, cogió un atajo que siempre había pasado
desapercibido para mi. Un camino que me estremeció, pues no había ninguna luz,
muy estrecho y donde la vegetación se hacía muy frondosa. Sin duda no era la
primera vez que él iba por allí. Y cuando más pánico me estaba entrando,
llegamos a un paraje abierto al cielo, lleno de estrella y desde donde se
divisaba toda mi ciudad iluminada. Aquello era precioso, un mirador natural
oculto. Me hizo sonreír y creo que se había dado cuenta de mi temor inicial,
porque noté una expresión de "menos mal!!!!!"en su cara. Abrió mi puerta y me
cogió de la mano. Y me besó.
Nunca había besado a un hombre. Es más, nunca me había acercado tanto a uno. Fue
algo inenarrable. Sus labios húmedos y fuertes rozándose con los míos... Su
lengua intentando entrar en las puertas de mi boca. Me abrazó por la cintura y
con las manos agarró mis nalgas, acercándome a él. Podía sentir su polla
apretándose contra mi cuerpo. Me sentí protegido, rodeado por esos potentes
brazos, con esa calidez en la boca... Sus dedos fueron explorando lugares
recónditos de mi cuerpo que nunca antes habían sido investigados, y comencé a
sentir cosas inéditas.
Mi polla quería salir de su escondite. Quería experimentar lo que mi boca estaba
viviendo. Yo no me atrevía a tocarle, no sabía cómo hacerlo, por donde a
empezar, pero él me guió con sus manos a su paquete, y esa fue la primera vez
que mis dedos inocentes recorrieron la polla de otro hombre. La tenía gruesa,
resaltaban las venas. Estaba tan caliente, y tan suave, que hice un acto de
valentía y me agaché. Quería saber qué se siente al hacer una mamada. Pero al
ver lo que antes solo había visto en Internet, me quedé quieto. No podía
hacerlo. No estaba preparado para ello.
Pero él con fuerza, me cogió de la cabeza y me empujó hacia si, gritándome
cómemela, cabrón. Y me vi con aquel tranco inmenso de carne en mi boca, lo que
me excitó tanto, que hizo que me olvidara de tantos miedos y pudores acumulados
durante tantos años. Y con todas mis ganas y como si me hubiera liberado de una
puñetera vez de un peso asfixiante, comencé a disfrutar como nunca lo había
hecho en mi vida, y por los gritos de Dani, él también había empezado a
disfrutar. Su polla echaba un líquido algo dulce, pero también ácido, con un
olor tan fuerte que me puse a mamar aquel pollón con desesperación.
No podía para de chupar, de lamer, de pasar mi lengua por sus huevos, por su
ingle, por su periné, por su abdomen musculado. Como sigas así me voy a correr
de un momento a otro, mamón, me gritó entre suspiros. Y como hizo antes, me
cogió de la cabeza y me apartó poniéndome de pie. Me quitó la camisa y el resto
de ropa. Hacía mucho frío en mitad de la noche y creo que por lo notó al verme
temblar (en realidad temblaba más por los nervios). Me llevó de la mano y me
tumbó en el capó delantero de su Seat León, que estaba caliente del motor recién
apagado.
Aquel contraste de temperaturas me encendió como una llama viva. No me podía
creer que estuviera allí viendo las estrellas, desnudo encima de un coche y con
un tío tremendo que me estaba llevando al éxtasis. Y me quedé sin voz cuando
sentí su boca rodeando la cabeza de mi pene. Una boca húmeda y caliente, ansiosa
de semen. Me olvidé de que alguien pudiera escucharme (aunque lo dudo), y
comencé a gritar como un loco, de tanto gusto. Su lengua recorría cada
centímetro de mi verga, chupándome los huevos, e introduciendo su lengua por mi
ano virgen.
Aquello sí que era indescriptible. Sentir como su lengua se abría paso hasta lo
más íntimo de mi ser. Poco a poco conseguí relajar mi ano, no sabía como
hacerlo. Me levantó las piernas y me las puso sobre mi pecho, dejándome sin
mucha movilidad, introduciéndome un dedo en mi culo. Al principio me resultó
desagradable, pero empezó a estimular mi próstata y me sorprendí gritándole que
metiera otro dedo.
Estaba poseído por la lujuria. Quería que me penetrara, que me partiera por la
mitad, que me empalara. Y cuando él creyó conveniente empezó a follarme. Sentía
como cada milímetro de su fusil me iba perforando. Creí que aquello me iba a
doler terriblemente, pero lo hizo con tanta suavidad y me había lubricado tanto,
que mi culo estaba ansioso de todo.
Con cada embestida, emitía un gemido difícil de contener. Y mientras me
penetraba, con sus manos llenas de saliva iba jugueteando con mis testículos y
mi nabo que me quemaba. Sus huevos chocaban contra mi culo, y verlo allí
dominándome, con su pecho fornido y su vientre musculoso, me llenaban de placer.
Poco a poco iba aumentando de velocidad, pero yo ya ni lo notaba. No estaba ya
en este mundo. Paró, sacando ese trozo de carne roja y palpitante y se subió al
coche, encima del capó, poniéndose de cuclillas.
Cogió mi polla, enderezándola y él mismo guió el camino hasta su culo. Iba a
follarle yo. Era la primera vez que le daba por culo a un hombre, ummm. Él media
cuánto se la introducía, y a qué velocidad, mientras yo me quedaba allí tumbado
extasiado. Era tremendo sentir como mi polla iba introduciéndose en él. Tanto
que era yo el que quería marcar el ritmo, así que lo aparté (casi lo tiró del
coche sin querer), y lo cogí de la cintura. Me soltó un; veo que vas aprendiendo
rápido; e ignorándole, lo puse a cuatro patas para follarlo con todas mis
fuerzas. De pie podría darle todas las enculadas que quisiera y estaba seguro
que él estaba más que preparado.
Y allí empecé un mete y saca con todas mis ganas, follándolo como a una perra,
para que supiera qué era realmente partirle el culo. Tenía tanto reprimido que
no pude controlarme. Él estaba tan sorprendido de mi actuación, que lo calenté
al máximo e hizo pararme. Iba a correrse. Me cogió del pescuezo y me colocó de
frente a su tranco, que estaba inmenso. Casi no le dio tiempo, porque enseguida
comenzó a expulsar una leche hirviendo y espesa, a latigazos, y de lo excitado
que estaba yo, no me importó metérmela en la boca y tragarme ese preciado jugo
viscoso y seguir mamándole hasta exprimirle la última gota y casi desfallecer.
Una vez terminado cogió mi miembro a punto de estallar y se lo metió en la boca,
entero, hasta llegarle a la garganta. Los huevos le rozaban la barbilla. Y tras
varios movimientos de entrada y salida, no pude resistir más y estallé ríos de
semen, llenándole la cara y el pecho, la boca y la lengua. Un orgasmo
interminable, como ninguno otro anterior en mi vida, hasta que sentí dolor en
mis huevos y temblarme las piernas de placer. Él se encargó de recoger con la
lengua o los dedos mi leche y no dejar ni rastro, tragándoselo todo.
Y en ese momento no sentía ni el frío que hacía, ni las luces de la ciudad, ni
la luz de la luna, ni el sonido del viento, ni las ramas de los árboles
crujiendo. Sólo sentía una tranquilidad inmensurable, abrazado al hombre que me
había hecho descubrir por unos momentos la felicidad que tanto había buscado.
Autor: sergiomol77